Si tenemos dos o más gatos en casa, sean machos o hembras, pronto habremos de observar que, si bien en la mayoría de las ocasiones todo es un remanso de paz y arrumacos, en algunos momentos los gatos se enzarzan en una especie de guerra feroz y aparatosa.

Las consecuencias no suelen ser dramáticas, pero conviene conocer el origen de este comportamiento, así como algunas directrices para evitarlo en la medida de lo posible.

¡Lucha! Preparados para la batalla...

¿Pelea o juego?

Alrededor de la tercera semana de vida, los gatitos descubren el juego. Más o menos tres semanas más tarde, sus técnicas están tan refinadas que, en ocasiones, sus actividades adquieren una gran virulencia. En el cachorro, el juego social es fundamental para aprender a relacionarse con los de su propia especie y adquirir experiencias que serán muy valiosas en la vida adulta. En el caso de gatos domésticos, además, el juego es una válvula de escape para liberar las tensiones causadas por comportamientos reprimidos, tales como la caza.

Así pues, debemos de saber que muchas de las peleas más cruentas con las que nos vamos a encontrar no son sino juegos, ahora bien ¿cómo diferenciar un inocente juego de una pelea en toda regla? Atendiendo al lenguaje corporal del gato (pupilas dilatadas, piel erizada, posición de las orejas y de la cola) conseguiremos diferenciar estos dos comportamientos.

Juegos sociales En muchas ocasiones, las peleas tan sólo son necesarios juegos en el fascinante proceso de aprendizaje del cachorro.



¡Se están peleando de verdad!

En líneas generales, una pelea entre gatos no es asunto nuestro. Teóricamente, deberíamos dejarles decidir sus propias cuestiones, en el convencimiento de que sabrán resolver sus diferencias territoriales. Sin embargo, a veces las peleas violentas desembocan en accidentes más o menos graves, tanto para los propios animales como para nosotros mismos.

He aquí algunos consejos que nos ayudarán a saber cómo actuar en este tipo de situaciones:

¡Te vas a enterar! En la medida de lo posible, lo ideal sería dejar que los contendientes diriman sus propios asuntos.

La primera regla: la prevención ¡Esteriliza a tus gatos! Un gato esterilizado será menos territorial y esta simple operación contribuirá a reducir drásticamente el número de conflictos.

Recorta la punta de las uñas, delicadamente, de este modo habrá menos posibilidades de que las peleas acaben en tragedias griegas.

¡No intentes separarlos con tus propias manos! Antes bien, trata de interponer un objeto entre ellos, como una silla. En el momento en que te sea posible, deja a uno de los gatos aislado en una habitación hasta que notes que se ha tranquilizado. Notarás que esto ocurre porque maullará suavemente o, simplemente, se tumbará en un rincón a esperar acontecimientos. Y, sobre todo, como siempre, observa su lenguaje corporal.

¿Una breve rociada de agua? Cuando están tan embebidos en su disputa, no parece que les haga demasiado efecto. Les sorprenderá más y tal vez les disuada más eficazmente un ruido seco, como un golpe dado con un periódico doblado, un pitido, etc.

No intentes separarlos a gritos. Los gatos son muy sensibles a tu propio estrés, y si gritas, lo más probable es que se pongan más nerviosos y aumente la tensión entre ellos, consiguiendo el efecto contrario al que pretendíamos.

Y por último, aunque parezca una obviedad, no tengas demasiados gatos. No hay que olvidar que cada gato necesita su propio espacio vital. Si cada animal dispone de su propio "retiro" individual, los conflictos disminuirán.



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